13.8.05

Y si...

Se quedó mirándome. Me sentí misteriosamente agusto en la profundidad de su cristalina mirada. De repente apareció frente a mí. Vestía una larga túnica blanca y un turbante del mismo color.

"¡Hola Óscar!", me dijo.

"¿Quién es usted? ¿Cómo sabe mi nombre?", un escalofrío recorrió mi cuerpo, un escalofrío reconfortante.

"Yo no pretendo nada de usted, Óscar, no se asuste. Solamente quería decirle algo", acarició mi hombro.

"No diga nada", retiró su mano de mi hombro y no dejó que emitiera sonido alguno, sonrió. "Quizás lo que le voy a decir no tenga sentido para usted, pero es importante para mí. Es usted una persona especial y lo sabe, aunque probablemente no sabe cuánto. Tiene capacidad para llegar a límites insospechados pero para ello debería dejar que alguien le guiara convenientemente. Ese alguien podría ser yo... o no. Podría acompañarme al pequeño pueblo de la India en el que resido para iniciar su aprendizaje...".

Yo permanecí inmóvil frente a su persona. Inmerso en su discurso. Relajado.

"Seguramente esté pensando que estoy loco", siguió. "Le puedo asegurar que todos lo estamos en cierta medida".

Siempre que un desconocido se dirige a nosotros en la calle, nos aborda, adoptamos, en principio, una actitud defensiva. Yo no adopté actitud alguna, simplemente escuché sus palabras y sin pensar demasiado al respecto agradecí su interés y me excusé amablemente, sin miedo a su reacción.

"Gracias de todos modos por escucharme" me dijo. "Ahora vaya junto a Lucía, le estará esperando en casa. Por cierto, y no me malinterprete usted, dígale a su novia que vaya al médico a hacerse una revisión", después de aquello se despidió y se perdió entre la multitud de gente que deambulaba por la calle a aquella hora del día, multitud que había pasado despaercibida para mí desde el momento en que entré en contacto visual con él. ¿Un sueño, quizás?

Mis amigos siempre me han dicho que probablemente se trataba del representante de una secta que intentaba captar adeptos. Y que, para ello, hacía un seguimiento de personas al azar para convencerlas haciendo uso de una información que en principio no debería conocer. Factor sorpresa...

A mi novia entonces, mi mujer ahora, le diagnosticaron a tiempo un cáncer de mama poco después de aquello. Desde entonces he hecho un esfuerzo mayor por conocerme y he descubierto cosas...

31.7.05

Los momentos

A una buena amiga

La observó alejarse. Lo hizo lentamente. Saboreó cada paso. Era consciente de que lo que entre ellos había sucedido durante los últimos días no se volvería a repetir. Los momentos son efímeros, ambos sabían eso. Se volverían a tropezar, sí, pero la música, esa melodía, probablemente ya no sonaría con la misma intensidad, con el mismo orden, las notas serían otras. Nunca mejores, nunca peores, diferentes.

"Soy feliz," murmuró él. Sus caminos se separaban pero era incapaz de sentirse triste, todo lo contrario. En sus oídos aún retumbaba el eco de sus últimas palabras, su dulce voz acompañada siempre de una perenne sonrisa.

Camino del coche, se percató de la presencia de un vagabundo que pedaleaba su vieja bicicleta hacia un oscuro callejón en el que probablemente encontraría cobijo. La noche era agradable. Las estrellas brillaban en el cielo mientras la Luna era testigo de todo cuanto acontecía. Una flor, de un blanco que luchaba por abrirse paso en la oscuridad de la noche, captó su atención por un instante. Un gato se cruzó en su camino alejándole rápidamente de la flor y acercándole a una pareja que caminaba su amor en dirección contraria. "Buena suerte," pensó. A lo lejos pudo oir una canción que lo transportó a un pasado que nunca olvidará. La canción cesó de repente. Su amigo chasqueó en tres ocasiones el dedo corazón y pulgar de su mano izquierda y después dio una palmada. Despertó. Probablemente ella ya se encontraría camino de su casa, lejos de allí, a una distancia cada vez mayor de aquel instante.

Subió al coche y no dijo nada hasta llegar a su destino. "Los momentos son efímeros," se despidió asintiendo ligeramente con la cabeza, se bajó del coche y sonrió. Se llevó la mano al bolsillo. Había vuelto a olvidar las llaves...

1.7.05

Q?

(...)

- When did you start becoming what you are and never wanted to be?

- I guess it was when I denied that for the first time.

(...)

30.6.05

Pantallas

Gracias por la inspiración amigo

Lo intentó una segunda vez. El resultado fué el mismo. Estaba embarazada.

Su marido llegó puntual del trabajo a las tres de la tarde. La besó brevemente en los labios.

- Cariño, tenemos que hablar...

- Vengo agotado, hablamos luego, ¿te parece? Ahora me apetece ver las noticias y comer algo.

Se sentó en el comedor a degustar los manjares que ella había preparado para él y a ver a través de su pequeña gran pantalla todo cuanto acontecía en el mundo.

- Voy a echar la siesta, si llama alguien le dices que llame más tarde -. La besó en la frente y salió al porche.

Una hora después despertó de una breve pero reconfortante siesta. Ella aguardaba en silencio a su lado el momento en el que se incorporara.

- Me encanta despertar de la siesta y sentirte a mi lado... ¡Ahí va, las cinco! ¡La Bolsa está a punto de cerrar! Ahora vuelvo cariño...

Se acomodó frente al ordenador y allí estuvo, inmóvil, durante una hora.

- Mi amor, hoy somos trescientos veintitrés euros más ricos...

- ¡No sabes cuánto me alegro! - Se armó de valor. - Más ahora que...

- ¡Las seis! ¡El partido! Andrés debe estar a punto de llegar. Me dijo que vendría a verlo con nosotros.

Andrés llegó y ambos se sentaron a ver como veintidós hombres en pantalones cortos corrían detrás de un balón.

- ¡Hasta luego Andrés! Y no dudes en venir a ver el partido cuando quieras, sobretodo si el resultado ha de ser como el de hoy. ¡Somos los mejores! - Andrés se fue y quedaron solos los dos. - ¿Sabes? Voy a escribirles un correo electrónico a Anna y Pablo...

- ¿Podemos hablar?

- Un segundo, si no se me olvida...

Se sentó de nuevo en el reconfortante sillón de cuero negro que reinaba en su despacho.

- ¡Cielo, Toni y Marta me han mandado el álbum fotográfico electrónico de su viaje a Perú! ¡Menudas fotografías! Voy a echarles una ojeada para conocer Perú.

Después de recorrer Perú se adentro en otros paises Sudamericanos.

- ¿Cenamos?

- Prepárate lo que quieras, yo creo que me haré un bocadillo y actualizaré mi página web mientras ceno.

Mientras cortaba un de poco queso y un poco de jamón, fue capaz de mandar tres mensajes de texto.

Antes de regresar al despacho se detuvo en el labavo. Sentado en la taza, mientras hacía sitio al bocadillo, intentó, una vez más, acabar con el enemigo final del último juego que había comprado para su videoconsola portátil.

- Cariño, ¿hablamos?

- Mejor mañana, con más calma. Ahora voy a intentar poner esto al día... Luego podríamos ver una película, ¿qué te parece?

- Me parece que me voy a ir a dormir, no me encuentro muy bien. Quizás lea algo mientras me entra el sueño...

Deseó que la siguiera, pero él se sentó frente al enorme televisor de plasma de la sala de estar y se sumergió en un mundo de fantasía audiovisual. No llegó a abrir ningún libro. El sueño pudo con él y se quedó dormido importándole poco perderse el final de la película. Ella, sólamente derramó una lágrima.

Amaneció en una casa vacía...

24.6.05

La caída del pelo

La camarera trajo la cuenta.

- ¿Dónde os véis de aquí a diez años? - Preguntó abiertamente uno de ellos.

Me acaricié el poco pelo que aún se resistía a perecer y cerre los ojos en un esfuerzo por concentrarme...

Mi larga melena castaña acariciaba mis firmes hombros. Me retiré un travieso mechón de mis ojos antes de formular mi pregunta. B y R contestaron plácidamente antes de cederme el turno:

- ¿Diez años, diez años? No sé, la verdad es que es una pregunta difícil aunque supongo que debería saber responderla. Al fin y al cabo, la he hecho yo. Bien, no sé, probablemente tenga menos pelo en la cabeza... Fuera bromas, me veo mucho más maduro, insisto, mucho más, y mucho más experimentado también. Probablemente esté compartiendo mi vida con alguien, me veo así, no es mi objetivo, es simplemente una impresión. No sé si seguiré dedicándome profesionalmente a esto, no sé, quizás, aunque teniendo en cuenta que son diez los años, podría, fácilmente, ser que no. Espero seguir sabiendo de ustedes... No creo que esté viviendo cerca de mi familia, no es que no los quiera, es simplemente que precisamente por eso, porque los quiero, me apetecerá seguir contándoles mis venturas y desventuras around the world. Me gustaría ayudar a aquellos que lo necesitan. Me gustaría, simplemente, ser feliz. No creo que eso sea especialmente difícil. No sé, ¿que más? ¿Dije ya lo del pelo?

Escucharon atentamente mi breve pero entusiasta explicación. Cuando mi todavía inmadura mente hubo acabado de soñar despierta cubrí mis ojos con mi mano derecha a la vez que respiré profundamente...

- ¿De aquí a diez años, decís? - Hice una pausa y fui consciente entonces de mi déjà vu. - Si queréis que os sea sincero... Evidentemente queréis, si no por qué ibais a preguntar. En fin... No lo sé, la verdad, no tengo ni idea... Lo que sí sé es que hace veinte años yo formulé esa misma pregunta a dos muy buenos amigos míos que hace tiempo que no veo, debería intentar localizarlos... ¿Por dónde iba? Ah, ¡sí! De la respuesta que yo di entonces al cabo de diez años sólo quedo la actitud de que se convirtiera en realidad y eso, amigos, no es poco...

Los dejé allí sentados, me fui con una sonrisa en el rostro. Cuando llegué a casa hice algo que hacía mucho tiempo que quería haber hecho, cogí el teléfono...

18.6.05

Esencias y Percepciones

La conversación fluía rica en todas direcciones. Gente dejaba sus asientos a su alrededor en busca de comida y regresaba a sus mesas con platos a rebosar de alimentos.

- Ayer visité la escuela de masaje, creo que es el momento de tomar una decisión al respecto... - sin acabar la frase B partió con sus firmes manos un rollito de primavera e introdujo la mitad en su boca, lo saboreó antes de continuar.

Una camarera se acercó a la mesa con la cuenta, J gentilmente aceptó hacerse cargo de ella.

- Estoy pensando en la posibilidad de estudiar filosofía aquí, aunque probablemente sea mucho más complicado que hacerlo a distancia -. J esperó la aprobación en las miradas de sus contertulios.

Mientras ésta se producía y R comenzaba a hablarles de dos amigos suyos que habían estudiado filosofía, un joven afroamericano pasó junto a ellos hablando en voz alta a través de un auricular que lucía en su oreja izquierda. El joven se dirigió a la zona del restaurante donde se encontraba el buffet.

B regresó con un plato lleno de dulces.

- Tengo ganas de retirarme por completo durante una temporada, de dedicar mi tiempo enteramente a mí de una manera sana -. J y B escucharon atentamente a R mientras explicaba entusiasmado la posibilidad de perderse durante una temporada en el sur de Francia.

En aquel preciso instante el restaurante comenzó a servir cenas. Mientras seguían hablando, más gente fue llegando y acomodándose en el comedor, todos ellos ajenos a lo que allí sucedía. Ajenos a que R, B y J se mostraban tal y como eran y se percibían esencialmente. A su alrededor el mundo seguía percibiendo simplemente la imagen que de ellos se hacía.

- ¿Me dejas conducir? - Insistió J con tono burlesco.

- Ya estás otra vez... - se quejó R mirando a B.

- A mí no me digas nada, bastante tengo con aguantarlo todos los días en la oficina...

El motor se puso en marcha y la esencia se perdería de nuevo hasta que se volvieran a percibir...

Verse, se veían casi todos los días.

20.5.05

El abuelo, el camello, el nieto y el perro

Así lo ven Fuente Abejuna, Chukustako y Dr. Plim


¡Me cago en la madre que me parió! Esto se acabó. Nunca imaginé que sería así. Por lo menos no tendré que sufrir las desgracias de una tercera Gran Guerra. No creo que encuentren los restos de mi cuerpo entre tanta mierda. La ambulancia en la que viajaba mi nieto y el otro vehículo han colisionado conmigo en medio. Probablemente trozos de mi cuerpo están desperdigados por la calzada. Probablemente estoy ardiendo. Todo ha sido culpa mía. Todo ha sido siempre culpa mía.

Nací hace sesenta y dos años. Mi padre murió minutos depués de yo nacer. El cabrón me dejó huérfano de padre. Fue siempre un cobarde. Mi madre había temido durante los nueve meses de embarazo que la abandonara y, finalmente, lo hizo. Mi madre se casó entonces con la bebida, lo que la convirtió en lesbiana. Todos los recuerdos que tengo de ella son con un vaso de ginebra en su mano izquierda. Ella era diestra. Bebía siempre con la mano izquierda, de esa manera le quedaba libre la mano derecha para castigar mis pecados que desde niño, fueron muchos. Mi madre nunca estaba en casa, por no faltarle al respeto me voy a ahorrar mencionar a que se dedicaba. Me crió mi abuelo. El muy hijodeputa sigue vivo, tiene hoy ciento tres años y no hay manera de que se muera. Tiene un hermano mucho menor que él con el que no se habla. Cuando cumplí dieciocho años huí de él y de sus ideas revolucionarias. No me gusta recordar. Recuerdo que una vez me encerró en un sótano húmedo y maloliente durante una semana. Una garrafa de cinco litros de agua y un queso caducado. Me había enrollado en sus narices con una amiga negra del vecindario. Todos los días venía a recordarme mi error con su cinturón. Nunca fui capaz de alzar mi voz contra su autoridad. Hasta hoy he seguido quedando con él de vez en cuando, mi odio hacia él no me permite dejar de hacerlo.

Con diez años comencé a esnifar pegamento. A los doce fumaba tabaco y a los catorce me hice amigo de la hija de unos hippies que me proporcionaba marihuana semanalmente a cambio de sexo oral. Con dieciséis años esnifé mi primera ralla de coca, fue en una fiesta a la que nunca debí ser invitado. A partir de ahí, imagínense. Acabé convertido en yonqui. Cabalgué hasta los veinticinco. Estuve a punto de morir pero no sólo no lo hice, sino que cuando desperté de un coma de seis meses una puta que había conocido durante diecisiete minutos me recibió con un pan debajo del brazo. Conseguí un trabajo decente limpiando el pozo negro de esta ciudad maldita de la que nunca he conseguido escapar. Me casé, pero a los dos mesos la muy guarra se largó con un taxista y se llevó a mi hija con ella. Desde entonces me coloco menos a menudo y he conocido a alguna gente. Así me hice distribuidor, camello. Si usted es de aquí, tiene menos de veinte años y ha consumido cocaína, heroína o marihuana, muy probablemente el treinta por ciento de su inversión fue a parar a mis manos. A veces basta con caerle bien a un pez gordo y eso fue lo que cambió mi suerte.

Hace veinte años mi hija volvió, casada y con un hijo. Se instalaron en casa del padre de Víctor, su marido, donde mi nieto se crió junto a su primo, con el que nunca se llevó muy bien. A pesar de sus padres, pasaba mucho tiempo con el niño. Intenté mantenerlo siempre al margen de mi realidad pero uno no puede luchar contra el destino. El cabroncete descubrió mi secreto y comenzó a distribuir mercancía que me robaba en su instituto. Yo me di cuenta desde el principio, pero nunca le dije nada. Para su dieciocho cumpleaños le pagué un par de putitas de lujo con las que gozó durante una noche entera. Por desgracia se enamoró de una de ellas, una que ya me había enamorado a mí antes. Sus padres hacía tiempo que ya no me venían a ver. La gente no se metía conmigo y yo no me metía con la gente. En una ocasión un gilipollas intentó hacerme chantaje. ¿Recuerdan al pez gordo? Se lo comenté y nunca volví a ver al gilipollas. Cuando se coloca, mi nieto me llama a mí. Está cometiendo los mismos errores que yo y él me culpa de ello. Me odia pero a la vez me admira. Si me hubiera marchado a tiempo nada de esto habría sucedido. Hace tiempo que dejé de hablar con sus padres. Nadie me quiere. Quiero a mi nieto. Odio a mi abuelo. Hace un mes dejé el negocio, lo que le costó algunas palizas al chaval, que ya no tenía de donde sacar el material. Hace una semana le dije que sería mejor que no nos viéramos más, que siempre había sido una mala influencia para él, la abstinencia lo estaba matando. Hace un día me sorprendió con la cabeza de la putita de la que se había enamorado entre mis piernas. Hace una hora había saltado por la ventana.

En el barrio siempre me han llamado el perro. ¿Por qué? Buena pregunta. Supongo que porque nunca he hecho nada por mí mismo, me he dedicado a obedecer, a acatar. Siempre he necesitado un dueño. Mi abuelo, el pez gordo, mi nieto, ellos han dirigido mi vida, y cuando no han estado ahí, me he dedicado a vagar sin rumbo como un vulgar perro callejero...

Es curioso que mientras muero, un abuelo, un camello, un nieto y un perro observan la escena. He matado a mi nieto, lo he salvado de la tercera Gran Guerra, al mundo le quedan pocos días pero eso lo sé yo, ellos no...